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By J. K. Rowling

Tras derrotar una vez más a lord Voldemort, su siniestro enemigo en Harry Potter y l. a. piedra filosofal, Harry espera impaciente en casa de sus insoportables tíos el inicio del segundo curso del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Sin embargo, los angeles espera dura poco, pues un elfo aparece en su habitación y le advierte que una amenaza mortal se cierne sobre l. a. escuela. Así pues, Harry no se lo piensa dos veces y, acompañado de Ron, su mejor amigo, se dirige a Hogwarts en un coche volador. Pero ¿puede un aprendiz de mago defender los angeles escuela de los malvados que pretenden destruirla? Sin saber que alguien ha abierto los angeles Cámara de los Secretos, dejando escapar una serie de monstruos peligrosos, Harry y sus amigos Ron y Hermione tendrán que enfrentarse con arañas gigantes, serpientes encantadas, fantasmas enfurecidos y, sobre todo, con l. a. mismísima reencarnación de su más temible adversario.

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Harry dio un grito, y Ron y Hermione se separaron de él asustados. —¡La voz! —dijo Harry, mirando a un lado—. Acabo de oírla de nuevo, ¿vosotros no? Ron, con los ojos muy abiertos, negó con los angeles cabeza. Hermione, sin embargo, se llevó una mano a l. a. frente. —¡Harry, creo que acabo de comprender algo! ¡Tengo que ir a l. a. biblioteca! Y se fue corriendo por las escaleras. —¿Qué habrá comprendido? —dijo Harry distraídamente, mirando alrededor, intentando averiguar de dónde podía provenir los angeles voz. —Muchas más cosas que yo —respondió Ron, negando con l. a. cabeza. —Pero ¿por qué habrá tenido que irse a l. a. biblioteca? —Porque eso es lo que Hermione hace siempre —contestó Ron, encogiéndose de hombros—. Cuando le entra alguna duda, ¡a los angeles biblioteca! Harry se quedó indeciso, intentando volver a captar l. a. voz, pero los alumnos empezaron a salir del Gran Comedor hablando alto, hacia los angeles puerta relevant. Iban al campo de quidditch. —Será mejor que te muevas —dijo Ron—. Son casi las once... , el partido. Harry subió a l. a. carrera los angeles torre de Gryffindor, cogió su Nimbus 2. 000 y se mezcló con los angeles gente que se dirigía hacia el campo de juego. Pero su mente se había quedado en el castillo, donde sonaba l. a. voz que no salía de ningún sitio, y mientras se ponía su túnica de juego en los vestuarios, su único consuelo period saber que todos estaban allí para ver el partido. Los equipos saltaron al campo de juego en medio del clamor del público. Oliver wooden despegó para hacer un vuelo de calentamiento alrededor de los postes, y los angeles señora Hooch sacó las bolas. Los de Hufflepuff, que jugaban de colour amarillo canario, se habían reunido para repasar los angeles táctica en el último minuto. Harry acababa de montarse en los angeles escoba cuando los angeles profesora McGonagall llegó corriendo al campo, llevando consigo un megáfono de colour púrpura. —El partido acaba de ser suspendido —gritó por el megáfono l. a. profesora, dirigiéndose al estadio abarrotado. Hubo gritos y silbidos. Oliver wooden, con aspecto desolado, aterrizó y fue corriendo a donde estaba los angeles profesora McGonagall sin desmontar de l. a. escoba. —¡Pero profesora! —gritó—. Tenemos que jugar... los angeles Copa... Gryffindor... los angeles profesora McGonagall no le hizo caso y continuó gritando por el megáfono: —Todos los estudiantes tienen que volver a sus respectivas salas comunes, donde les informarán los jefes de sus casas. ¡Id lo más deprisa que podáis, por desire! Luego bajó el megáfono e hizo una seña a Harry para que se acercara. —Potter, creo que será mejor que vengas conmigo. Preguntándose por qué sospecharía de él en aquella ocasión, Harry vio que Ron se separaba de los angeles multitud descontenta y se unía a ellos corriendo para volver al castillo. Para sorpresa de Harry, los angeles profesora McGonagall no se opuso. —Sí, quizá sea mejor que tú también vengas, Weasley. Algunos de los estudiantes que había a su alrededor rezongaban por los angeles suspensión del partido y otros parecían preocupados. Harry y Ron siguieron a l. a. profesora McGonagall y, al llegar al castillo, subieron con ella l. a. escalera de mármol. Pero esta vez no se dirigían a ningún despacho.

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